9 de octubre 2016 Editorial Volver

Cristina: ¿Presa o Presidenta?

Alfredo Leuco

No hay término medio. Cristina sabe que su futuro es la gloria o Devoto. O mejor dicho, volver a ser presidenta de la Nación en el 2019 o quedar detenida en el penal de Ezeiza junto a sus viejos amigos, cómplices, socios y/o testaferros.
La exitosa abogada es altanera y soberbia pero no come vidrio. Como se dice: no hay ninguna motivación política más fuerte que no ir a la cárcel. Comprendió que la batalla por no ir presa la tiene perdida en el plano de la justicia y por eso, quiere presentar resistencia en el plano de la política. ¿Qué significa eso? Que Cristina sabe perfectamente que tiene que ganar las elecciones de medio tiempo del año que viene. Eso lo tiene clarísimo y en función de esa realidad viene planificando toda su estrategia. Ella sabe que si gana la banca de senadora bonaerense y se fortalece con un porcentaje de alrededor del 30 %, es casi imposible que algún juez se atreva a detenerla. Ese resultado le daría impunidad, la blindaría judicialmente y la catapultaría como candidata a presidenta para el 2019.
Pero ella también sabe que puede ocurrir todo lo contrario. Que haya varias listas peronistas, como las de Sergio Massa, o las de Florencio Randazzo y eso divida el voto. Si los gobiernos de Macri y María Eugenia Vidal consiguen un clima económico positivo y esperanzador y logran construir una boleta con candidatos atractivos, Cambiemos podría plebiscitar su gestión, quedar en el primer lugar y relegar a Cristina al segundo o al tercero, o tal vez, al cuarto lugar. Si no supera el 10% de los votos sería el certificado de defunción política de Cristina y el guiño que estarían esperando los jueces para meterla presa.  Motivos y pruebas, sobran. Solo falta conocer el clima político a la hora de que se unifique todo en una mega causa donde aparezcan Hotesur, la ruta del dinero K, Los Sauces, Aerolíneas Argentina y el dólar futuro, entre otras asignaturas que la patrona del mal tiene que rendir en el banquillo de los acusados. De hecho el 20 de octubre, tiene que prestar declaración indagatoria ante el doctor Julián Ercolini. El juez recibió a Hebe de Bonafini sin audiencia previa y aguantó con firmeza las presiones de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo quien le ordenaba que citaran a  Magnetto y no a Cristina. A la salida, Hebe entendió y explicó todo: “Hay apuro por meter presa a Cristina”. En realidad no hay apuro, lo que hay son pruebas contundentes de que fue la jefa de una asociación ilícita dedicada a enriquecerse con el saqueo del estado. Y eso no lo digo yo. Lo dice el dictamen del fiscal Gerardo Pollicita que hizo un trabajo riguroso y muy profesional.
Cristina sabe que su única chance es convertirse en senadora y luego en presidenta por tercera vez. Y que para que eso ocurra, tiene que debilitar a Macri lo más que pueda. Sueña con derrocarlo y que huya en helicóptero como Fernando de la Rúa. El fracaso de Macri sería su éxito. Al revés del pueblo argentino que sabe que el éxito de Macri sería el éxito del país que es un avión en el que viajamos todos.
Ayer Cristina hizo su primer acto de campaña para el 2017. Lo hizo rodeada de varios de los personajes más desprestigiados y menos representativos. Lo dicen todas las encuestas. Leopoldo Moreau fue el que llevó al radicalismo a la peor actuación de la historia. Aníbal Fernández hizo lo mismo con el peronismo bonaerense. Solo hay que pedir cualquier encuesta de imagen negativa para ver que no falta ninguno de los compañeros de ruta de Cristina: D’Elia, Esteche, Boudou, De Vido, Sabbatella y el cuervo Larroque, entre otros. Son los gurkas.  Ellos impulsan también a su candidatura. Se cuelgan de sus polleras porque ellos no pueden ganar ni una elección de consorcio. Son los que le meten fichas respecto de que si no gana la senaduría pierde la libertad.
Ayer, Cristina, cometió un sincericidio y en su discurso mostró todas sus cartas. Agorera y casi como expresión de deseo dijo que este gobierno nos lleva “a un desastre social”. Ahora dice que está preocupada por la inflación, la pobreza y la inseguridad cuando ella fue la principal responsable de esta herencia maldita y en su gobierno estaba prohibido mencionar esas palabras.
Cristina llamó a construir un frente ciudadano como nueva mayoría que les permita conseguir un gobierno que, de verdad, represente a los argentinos. No habló de su candidatura pero fue muy explícita cuando juró que no va a poner ninguna traba en este proyecto. Traduzco: si mi candidatura es necesaria no me voy a poder negar. Dijo que es un compromiso que asumió con la memoria de su compañero muerto y que es lo más importante que tiene que hacer el resto de su vida.
El gobierno debería tomar nota. Sobre todo algunos frívolos que toman demasiado a la ligera el poderío de Cristina. Ella tiene los estados nacionales, provinciales y municipales sembrados de sus soldados que conspiran y sabotean desde el primer día. Tiene la jefatura de Alejandra Gils Carbó a la hora de proteger a los propios en la justicia y perseguir a los que no la quieren. Cuenta con el doctor Raúl Eugenio Zaffaroni y Horacio Verbitsky como los comandantes estratégicos y con un grupo de servicios de inteligencia que conspiran todo el tiempo. Varias universidades con todos sus recursos y su valor simbólico, siguen siendo unidades básicas al servicio de Cristina. La Plata es un bastión K. La semana que viene las universidades de Quilmes y Avellaneda le van a dar un “honoris causa” a Cristina. Una vergüenza nacional.
Y como si esto fuera poco dispone de todo el dinero del mundo para conseguir el objetivo que cantan los camporistas: “Vamos a volver, a volver, vamos a volver”. En realidad nadie vuelve del lugar de donde nunca se fue. El príncipe heredero, Máximo lo había anticipado: “Vamos a entregar el gobierno pero no el poder”. Ahora quieren volver al gobierno. Para terminar de instalar el chavismo, tarea que les quedó inconclusa. Cristina lo dice con todas las letras. Propone reformar la Constitución como hizo Rafael Correa en Ecuador para que lo que ella llama corporaciones tengan menos poder. Dijo que alguien que tiene un diario no puede hacer otra actividad, por ejemplo. O que un banquero es lo único que puede hacer. Pregunta chicanera: ¿La nueva Constitución que ella sueña permite que una exitosa abogada pueda tener hoteles y sociedades con testaferros beneficiados con obras públicas y dueños de medios de comunicación a su servicio?
El otro truco de Cristina es victimizarse y compararse con Irigoyen y Perón. Ayer en el acto donde se probó la boina blanca e hizo la señal de la victoria con los dedos, dijo eso. Que a ambos líderes populares también los acusaron de corruptos para proscribirlos y sacarlos de la cancha. Insisto: en los tribunales no puede decir eso. Tiene que probar su inocencia y honestidad y no puede. Pero en la subjetividad religiosa de la política ella dice que la persiguen por sus ideas y no por los delitos que cometió.
Cristina se juega el todo por el todo. Sabe que si no vuelve a ser presidenta tiene destino de presidiaria. Por eso apuesta fuerte. Empuja para que Macri  se caiga y ella se levante. Para que el voto popular la blinde frente al avance de la justicia. Como siempre, la historia está en manos de los pueblos.  De la mayoría de los argentinos depende el futuro de Cristina, de Macri y de este bendito país que fue asolado por la corrupción más grande de su historia y por el autoritarismo más feroz. Vamos por todo fue su consigna. Quien quiera oír que oiga.

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