23 de febrero 2018 Editorial Volver

Lo que Moyano dice no temer, pero teme

Pòr Ricardo Roa

Moyano puso tanto empeño en demostrar que la movilización no había sido para protegerlo de la Justicia que en el mismo empeño demostró todo lo contrario.
¿Para qué, si no fue por eso, dijo que no temía ir preso porque ya había estado tres veces preso, dos durante la dictadura? ¿O por qué, si no fue por eso, hizo girar todo su discurso alrededor de su situación procesal?
Hasta subió con su abogado al palco. No alcanzó a disimular una preocupación que había dicho no preocuparle. “Estoy dispuesto a ir preso si la Justicia dice que tengo que ir preso”. Un Moyano auténtico. Un guapo que todo el tiempo precisa demostrar que es guapo.
Pero por más que saque pecho está en problemas. Y los problemas son por corrupción. La UIF, que investiga el lavado de dinero, lo tiene en la mira. Mejor sería decir que tiene en la mira a su pareja Zulet, a la que colocó como gerenciadora de la obra social de Camioneros, y a los hijos de Zulet a los que Zulet colocó como proveedores de la obra social.

Moyano dijo que no está implicado en ningún tema de corrupción y añadió un poco sutil “por ahora”, pasando la señal de que Macri podría encargarse de implicarlo. Hacia Macri fue otra alusión: “Toda victoria es relativa. Toda derrota, transitoria”. Quiso decir: la victoria de Macri es transitoria y su derrota también. La frase es del Nobel mexicano Octavio Paz, de quien dijo no acordarse el nombre. Quizás porque no se lo acordaba. O porque no quiso hacerse el intelectual.

Se cuidó de pegarle directamente al presidente. Criticó al gobierno “de CEOS” olvidándose del CEO mayor. Hasta paró a los suyos cuando empezaron a insultar a Macri como si no quisiera que pasara lo mismo que este domingo en el Monumental.
Otro gesto conciliador fue evitar declarar un paro o un plan de lucha como pretendían sus nuevos aliados del kirchnerismo y de la izquierda. Dos razones explican semejante cuidado. Una es el riesgo de un enfrentamiento terminal con el macrismo. Otra o la misma es que Moyano precisa mantener ciertos puentes con el Gobierno.
OCA es el centro más inmediato de sus problemas. La empresa está en un pantano económico y judicial y con una intimación que pone en riesgo su licencia como operadora postal. Ocupa 7000 camioneros. Pero no sólo eso preocupa a Moyano: la maneja alguien que él puso, con quien se peleó y luego sacó y que fue repuesto por la Justicia. OCA es un negocio grande y un embrollo grande con final abierto.
La marcha fue en un punto previsible. Moyano movilizó todo lo que tiene. Sorpresivo al menos para él, el resto puso menos de lo que tiene. Moyano mostró músculo y articuló un gran acto opositor sin incidentes. Dos cosas a favor. En contra: nadie o casi nadie de la CGT lo acompañó. Ningún gremio importante a excepción de los bancarios. Aunque parezca acompañado nunca estuvo tan solo. Y sin política. Le preguntaron a su ladero Schmid qué va a pasar. Dijo: “No sé”.

Tiene compañeros de ruta que no pensaba tener y con los que se siente incómodo: los de la CTA kirchnerista. Paradoja final: la CTA que se lanzó para pelear contra la CGT y a la que Moyano impidió tener personería gremial es la que hoy lo defiende.
¿Qué queda para Moyano de acá para adelante? Salvo error u omisión, las causas judiciales. Y que, como él mismo dijo, no le teme a la Justicia, pero le teme.

Otros Editoriales



Opiniones

Nos gustaría saber tu opinios... dejanos tu comentario!