6 de septiembre 2015 Regionales Volver

Vende humo

Vende humo
Desde temprano la chimenea central de la usina de Río Turbio, se muestra activa y un penacho de humo espeso sale de su boca, como síntoma de actividad. Nadie puede abstraerse de mirar hacia arriba y ver con regocijo, el aviso de que – como dijo tantas veces el gobierno – hay vida en la usina del paraje Julia Doufour. Ahora bien, muchos se preguntan si ese humo que todos están viendo hoy, continuará saliendo en días posteriores al acto político de la presidenta o si disminuirá, o si desaparecerá. En todo caso, otros tantos se preguntan ¿Qué expulsa en su cuerpo gaseoso el humo llamativamente negro que comienza a expandirse por los alrededores de la cuenca? ¿No nos habían prometido “humo limpio” y prácticamente “Libre de contaminantes?. Preguntas que, sospecho, nunca tendrán respuestas.
Desde que llegamos a la cuenca, pudimos observar como un penacho de humo espeso brotaba parsimonioso de la enorme estructura que encierra la usina que hoy será epicentro de un acto político del gobierno nacional. La chimenea activa es sinónimo de “vida” en el interior del complejo y es precisamente eso lo que desde el gobierno central, la empresa YCRT e Isolux Corsán se quiere mostrar. Es la postal que deben mostrar las cámaras de televisión, la imagen que se debe llevar la presidenta en la retina, a costa, quizás, de un poco de gas contaminante que se deba distribuir en la atmósfera de la cuenca, en perjuicio de sus pobladores, pero en beneficio del relato.
Mi amigo, mientras conducía, me hizo una observación válida, ni bien visualizamos desde la ruta, la chimenea expidiendo humo por primera vez; ¿Decime, no es muy negro el humo que tira la planta?, dijo casi en tono de increíble inocencia. Lo miré, luego volví la vista hacia la chimenea que se mostraba lejana aún de nuestra posición, tomé los prismáticos, hice un acercamiento de la boca del escape y… si, era llamativamente negro.
¡Bueno, es humo de carbón!, le expresé, casi como una afrenta a su inteligencia por sugerir lo obvio. “Ah si!, pero, ¿No habían dicho que iba a salir humo casi blanco, transparente y prácticamente perfumado”, me devolvió la pregunta, a lo cual no supe que responder, porque la evidencia contrarrestaba el discurso que alguna vez el presidente de Iosux, la empresa española que construye la central, usó para explicarle a los habitantes de la cuenca, que estuvieran tranquilos, porque los agoreros ambientalistas que anunciaban catástrofes ambientales, derretimiento de los glaciares y lluvia ácida, eran operadores de Greenpeace que solo buscaban el rédito político y que la tecnología a usarse en Turbio, era tan buena y limpia como la nuclear (¿?).
Y mi amigo tenía razón; el penacho de humo espeso no daba la sensación de ser muy limpio y pensé “si esto sale así durante meses y años y vienen las lluvias y las nevadas que precipitan los residuos y caen sobre los bosques y los ríos ¿Qué pasará con este hermoso entorno en, digamos, 10 años más?” y me asustó la respuesta que podría escuchar de boca de alguien más entendido que yo en la materia.
Estaba cavilando en mis pensamientos, cuando mi amigo volvió a tirar una frase que me retrotraería a los días en los cuales desde el Ministerio de Planificación Federal, organizaron, junto con Isolux, un tour por el mundo, llevando a periodistas y empresarios de medios de Río Gallegos, all inclusive, bajo la premisa “Ponga la nariz en las chimeneas de Isolux y verá que no pasa nada”. ¿Vos te acordás que un grupo de colegas, viajó por Europa invitados por Isolux”, dijo. Efectivamente, varios integrantes de la cadena de la alegría y las buenas ondas de la provincia, se regodeaban recorriendo usinas similares a las de Río Turbio, en lugares del viejo continente y cuando llegaron del maravilloso recreo pagado por la españolísima constructora de sueños, escribieron loas de lo magnifico que es Isolux Corsán, fabricando usinas y prácticamente desterraron la idea de que los residuos que emanan sus centrales pueden ser tóxicos.
No es el vaticano…
Sin saber si el humo negro es porque aún no llegó la presidenta o porque en realidad los desechos químicos del carbón salen crudos y dañinos como por un tubo, nos comenzamos a acercar a la imponente central, sueño de Néstor y esperanza de Cristina, que Máximo quiere usufructuar de arriba y me pregunté si acaso aquel humo no sería “para la gilada” y si la chimenea mañana no dejará de fumar, sacándonos del relato y bajándonos a la realidad.
Pensando en esto de las simulaciones y la necesidad de que en toda inauguración se prenda la luz, no se apague la llama o, como en este caso, salga humo de la caldera, no pude menos que sonreír cuando recordé una anécdota que me tocó vivir en los años 90, cuando el entonces gobernador de la Pampa, Rubén Marín, se aprestaba a inaugurar una planta distribuidora de gas en las afueras de Santa Rosa. A pesar de los esfuerzos por llegar a pintar la barandita, empro lijar el césped y mostrar flamantes las nuevas instalaciones gasíferas, había un gran problema de base que los trabajadores no podían resolver en pocas horas: a la obra le faltaba el último tramo de conexión de la planta al gasoducto principal, pero lamentablemente, del mechero que había ordenado el gobernador que iba a encender, debía salir gas, como sea.
El ingenio argentino no se hizo esperar y como lo importante era que la llama saliera, se cortara la cinta y todos aplaudieran bajo la sonrisa deslumbrante de Marín que se tenía que abrazar con funcionarios y vecinos, el responsable de la obra ordenó colocar debajo de la caseta de cemento que contenía el sistema de interconexión, un tubo amarillo de gas envasado que, cuando llegó el momento en que el gobernador efectuó el rito de arrimar el fuego al mechero, cumplió satisfactoriamente el objetivo. Hubo gas, Marín encendió la llama, todos aplaudieron, cortaron la cinta, brindaron y se fueron. Minutos después, apagaron la llama, sacaron el tubo de 45 Kg, cerraron y se fueron. Pasó más de un año hasta que la distribuidora de gas entró en servicio, realmente. Cuestiones presupuestarias, habían impedido que la obra se terminara en tiempo y forma, pero su anuncio formal, había sido todo un éxito.
Cuidado con la lluvia
La usina de Río Turbio, necesita piedra caliza para funcionar a carbón y minimizar el impacto nocivo de los altos contaminantes que tiene el mineral. De allí, nos explicaban técnicos sobre el tema, que no se puede quemar cabrón puro, pues el efecto residual y contaminante que tiene, pondría en peligro el entorno ambiental y cada hora de funcionamiento sin los elementos catalizadores que sirven de “filtro”, esparcirán en el paisaje miles de kilos de elementos químicos altamente tóxicos.
Esta “cal” en la que se debe transformar la piedra caliza en una molienda que Río Turbio no posee, se usa para contrarrestar el dióxido de azufre que emitirá la combustión del carbón y está previsto que por la chimenea, con la aplicación de este catalizador, igualmente van a ser expulsados entre 4.000 y 5.000 kg  diarios, de este corrosivo componente , a la atmósfera.
¿Qué pasaría si faltara la piedra caliza?. Con la luz solar y la humedad, el dióxido de azufre produce una reacción que lo transforma en ácido sulfúrico, conocido como “Lluvia ácida”.
Si no se le agrega cal, la emisión de los valores tóxicos se multiplica por miles de veces, por lo cual, hay gran preocupación de los ambientalistas, quienes sostienen que “no nos vamos a enterar si un día falta piedra caliza”, porque la usina seguirá funcionando normalmente, pero, el aire recibirá una emanación altamente contaminante en miles de veces más a lo normal. Por este motivo, es tan importante que este elemento sustancial para bajar los niveles tóxicos de dióxido de azufre, llegue en tiempo y forma a la cuenca.
Sin la cal, nos anunciaron los ingenieros oportunamente, la chimenea emitirá lluvia ácida y aunque esté trabajando en estas condiciones pocas horas en un día, producirá un desastre en el entorno biótico de la región; esto, sin contar con los otros elementos nocivos que arrastra cada emisión y van directamente al aire, como es el caso de los óxidos nitrosos.
Luego nos explicaron que para contrarrestar el efecto altamente nocivo de los óxidos nitrosos, la usina de Río Turbio, necesitará contar con 8 toneladas diarias de Amoníaco gaseoso.
Sin este amoníaco, los óxidos nitrosos en contacto con la humedad y el sol se transforman en ácido nítrico y sus consecuencias para el medio ambiente y la salud, son altamente tóxicos.
Todas estas evaluaciones, obviamente, se hicieron teniendo en cuenta que la usina de Río Turbio, estuviera al ciento por ciento de su producción. Hoy, lo que se muestra es solo el movimiento de una sola de sus turbinas, pero habrá que preguntarse ¿Alguien habrá tomado el suficiente resguardo, en el afán de la inminente inauguración, para acotar o minimizar los riesgos contaminantes en las pocas o muchas horas que funcione el complejo?. Nadie lo sabe aún, las autoridades callan y quienes hablan, mienten al respecto.
Colaboración :
OPI Santa Cruz

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