4 de abril 2019 Editorial Volver

Treinta y siete años han pasado de aquél 02 de abril de 1982

Por: Luis Malgieri

El día anterior nos encontrábamos de campaña, rápidamente nos alistaron y nos llevaron al cuartel donde en los televisores del comedor se leía el titular en las pantallas:
“ARGENTINA RECUPERO LAS MALVINAS”
A los pocos días, estaba inmerso en una guerra que no quería, no porque considerara que las Malvinas no eran Argentinas, no; si bien abrace la carrera de las armas, nos soy partidario de la guerra, simplemente porque creía y creo, que en la guerra, los que mueren, son víctimas de los gobernantes de turno que son quienes tienen “el poder” y la declaran sin moverse de su escritorio. Las guerras no solucionan nada, solo siembran muerte y destrucción… Pero no había elección y con el compañerismo que había en el grupo, nos sentíamos capaces de vencer a cualquiera…
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Todavía recuerdo cada día…
La despedida popular, a quienes íbamos a dar la vida por el país…
Cuanto apoyo, éramos “héroes” antes de partir…
Nos regalaban cigarrillos, bufandas, guantes, gorros… Nos seguían con sus coches, y en los semáforos, con lágrimas en sus ojos, nos deseaban suerte, mientras que nos arrojaban sus regalos, a través de la abertura de la lona que cubría la parte trasera del camión que nos llevaba al aeropuerto.
Cuanto apoyo, sabíamos la importancia que tenía para nuestro país aquella gesta.
Todavía recuerdo cada día…
El viaje en avión; la llegada al Teatro de Operaciones, lo que significaba que a partir de ese momento, era inminente la posibilidad de entrar en combate…
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Todavía recuerdo cada día…
Que éramos jóvenes de dieciocho años, que nos íbamos a enfrentar a hombres profesionales, que poseían experiencia en eso de las guerras…
Nosotros llevábamos instrucción y demasiada hombría, solo eso (que no es poco) y nuestra experiencia en guerras se reducía a haber visto alguna que otra película bélica por televisión…
Todavía recuerdo cada día…
El miedo en la mirada de mis compañeros y seguramente en la mía…
El equipo de combate que nos suministraron, que pesaba tanto como la responsabilidad…
El frío insoportable, que penetraban en el cuerpo durante todo el día.
El viento, que contrarrestábamos poniéndonos de costado, incluso hacíamos fuerza para que no nos voltee…
Las letrinas, o esos pozos en la tierra con maderas cruzadas, donde apoyábamos el trasero…
Todavía recuerdo cada día…
El acantonamiento, aquél galpón de enormes puertas abiertas de par en par durante todo el día, donde el viento no perdonaba…
Los días larguísimos y las noches cortas…
Los pozos de zorro, las operaciones cuidando las costas y puntos estratégicos…
Los “Alerta Rojo” por la madrugada, las noches a oscuras de toda la ciudad para evitar bombardeos…
La cara de alegría de quienes recibían carta de sus familiares…
La lectura de las revistas y el “¡VAMOS GANANDO!” que nos daba ánimo…
Todavía recuerdo cada día…
La partida al frente de combate, de aquel grupo de soldados con los que compartíamos los días… No tuvieron tiempo de adaptarse a las islas, apenas llegaron entraron en combate.
A partir de allí, las noticias que nos llegaban de la guerra iban a peor, el desembarco de los ingleses en las islas, el avance y la toma de Puerto Argentino, y luego la rendición.
La noticia, llego mientras estábamos de operaciones…
La tristeza y el llanto se apoderaron de nosotros…
Todavía recuerdo cada día…
La vuelta en avión, sin asientos, apretados como ganado y sentados en el piso, la llegada al cuartel, de noche, en silencio…
Ya nadie nos vitoreaba en los semáforos, no había pueblo, ya no éramos héroes, ni tan siquiera recibimos un gracias…
Comenzaban a ignorarnos, la gente, el gobierno, nos empezaban a dar la espalda…
Éramos mal vistos, no fue suficiente lo que hicimos, no fue suficiente el ir a poner nuestro pellejo por la patria… Es que habíamos vuelto, por eso no fuimos reconocidos posteriormente, debimos morir para que nos reconozcan, para evitar que ahora, después de treinta y siete años tengamos que seguir luchando por nuestro honor, ese que sabemos que tenemos y que no nos ha reconocido ningún gobierno en éstos años… Pero la justicia, a la larga siempre llega, cae implacable en los tribunales, nos están reconociendo…
Pero no es lo mismo que nos reconozcan porque nos lo merecemos, a tener que obligarlos a que nos reconozcan porque nos corresponde…
Parece mentira que un gobierno, que un país, que sus autoridades no reconozca a las personas que estuvieron dispuestas a dar su vida por la patria.
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Todavía recuerdo cada día, es imposible olvidar…
Hace treinta y siete años, un día como hoy, un dos de Abril, pusimos a disposición nuestra vida por la patria; algunos, tuvimos la fortuna de que no la hemos tenido que perder, hubiese sido nuestro deseo que en todos estos años, algún gobierno nos reconociera, hubiese sido lo justo, lo que corresponde en un país con gobiernos democráticos y civilizados…
Ahora, exigimos que nos devuelvan lo que nos comenzaron a quitar aquella noche, esa noche silenciosa en la que volvimos como escoria
Queremos nuestra dignidad, que ninguna señora alimentada con dineros oficiales nos trate de fachos y que tendríamos que haber muerto todos.
Nosotros no deseamos eso a nadie, fuimos porque la patria nos lo pidió y todavía creo, que la patria no está lejos, esta entre el pecho y la espalda. Y nosotros con los muertos no hacemos negocios, son 649 argentinos que cuidan a la hermanita perdida en el atlántico sur y otros tantos que no nos acompañan porque la ideología es la que nos rige, no el sentido común y al no encontrar respuesta de quienes nos tienen que cuidar, se quitaron la vida, por eso el dos de abril es del pueblo y los combatientes, no de la casta política que se acuerdan este día, y luego no nos atienden el resto del año.
No éramos chicos de la guerra, fuimos los hombres que la Patria pidió, no estábamos iluminados por el fuego, estábamos convencidos de la justa razón del reclamo.
Por eso quiero recordar a mis doce hermanos malvineros que en particular comartimos esos dias aciagos, de los cuales dos no aguantaron la presión y la desidia gubernamental, y se suicidaron.
Por todo esto las Malvinas fueron, son y serán argentinas

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