2 de agosto 2018 Opinión Volver

Opinión: La república de “Peronia”

Opinión: La república de “Peronia”

Aunque soy argentino, nací en la república de “Peronia”, un país donde las monjas no son monjas, donde los monasterios funcionan como bóvedas y donde los ciudadanos disfrutan del déficit fiscal pero no aguantan la inflación, que es su consecuencia.

En “Peronia” priorizamos “el fulbo” y somos capaces de movilizarnos por un “choripán”, concebimos como derecho adquirido la gratituidad de todo: Los servicios públicos, el transporte, la TV por cable, lo que venga, mientras sea más y gratis, ¡mejor! En “Peronia” quien negrea sistemáticamente sale siempre beneficiado y el que paga sus impuestos, lo “garcan” de todos lados. En “Peronia” el trabajador es un ciudadano de segunda clase, esclavizado ante una burguesía política que se fagocita en su existencia y ni siquiera lo respeta: Todo lo contrario, lo usa, lo exprime y lo estafa. En “Peronia” los empleados subsidian a los desocupados, e increíblemente éstos, a su vez, cortan toda vía de tránsito posible para evitar que quienes los mantienen, puedan ir a trabajar. En “Peronia”, los delincuentes tienen más derechos que las víctimas, y si te defendés, porque un estado ausente te obliga a hacerlo, vas en cana. En “Peronia”, los fiscales que denuncian a un político "se suicidan", y hasta los papas son peronistas. En “Peronia” hay cinco clases sociales: Los ricos, los pobres, los indigentes, los políticos, y los “bolud@s”, o sea, los que bancan con su trabajo a las otras cuatro clases. En “Peronia”, el estado exige competitividad a las empresas, pero a su vez, la presión impositiva llega al 60%. En “Peronia”, el fisco te ordena blanquear tus empleados, pero no está dispuesto a hacerlo con sus propios ñoquis. “Peronia” es una tierra en donde los demagogos que dicen defender al pobre, viajan en Audi y viven en puerto madero. Lamentablemente, “Peronia” no es una nación sino un terruño de gente compitiendo esquizofrénicamente por una torta que hace mucho tiempo que no aumenta de tamaño. En “Peronia” hubo un momento donde el 50 % de sus ciudadanos quisieron un cambio, pero fueron nuevamente seducidos por el eterno benefactor, esa fábrica de producción de pobres llamada: “Peronismo”. Es un país tan escaso de convicción, que de la decepción a la: “Reperonización” hay sólo un paso. El gradualismo tibio, miedoso y sin rumbo, implementado por el gobierno ha minado las expectativas de cambio en una porción significativa del electorado. No sé cuan consciente es el gobierno de lo costoso que ha sido el gradualismo que generó la percepción social de un gran ajuste. ¿Harán algo al respecto? ¿O van a hacer lo que hacen siempre: arrojan la piedra y en el medio se arrepienten, esconden la mano y neutralizan el efecto? Hoy, a pesar de tener un gobierno "no peronista" lamentablemente seguimos siendo “Peronia”, pero estoy convencido que podemos ser mucho más que eso. Entonces, me permito pedirle a los funcionarios del gobierno: ¡Anímense a cambiar, para eso vinieron, no le tengan más miedo al peronismo! Y a los ciudadanos de “Peronia”, les aviso que está llegando el tiempo que tengamos que involucrarnos todos. El próximo año finalmente nos expondrá a una pregunta inevitable: ¿Qué tan peronistas somos los argentinos? Sería útil que cada uno, en lo suyo, le ponga el hombro a esta cruel realidad heredada del mismísimo peronismo, que hoy hablando en tercera persona intenta separarse del “kirchnerismo”, tal como lo hizo ayer del “menemismo” y así sucesivamente. En el peronismo, aunque se reciclan, son siempre los mismos. La república de “Peronia” es el reflejo de nuestras acciones como ciudadanos. Al ciudadano argentino, a ese que nunca se involucra en nada, le digo: ¿Votaste cambio? Sé entonces coherente con tu decisión. ¿No te gustó este gobierno? No importa, seguramente habrá propuestas que también representen el Cambio: Es eso, o resignate a vivir en “Peronia” por el resto de tu existencia.

Por: Lector Agencia Noticias Fueguinas

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